Archivos mensuales: febrero 2014

El hábito “transforma” al monje

En ocasiones, escuchamos dichos como “el hábito no hace al monje”, o “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, en referencia a que la apariencia exterior es o puede ser engañosa. No obstante, preferimos quedarnos con: “una imagen vale más que mil palabras”.

No cabe duda de que la imagen de cualquier persona vale más que todo lo que se diga o escriba sobre ella y siempre se convierte en una valiosa tarjeta de presentación en sociedad. A propósito de esto, Mark Twain dijo: “Los hombres desnudos tienen poca o ninguna influencia en la sociedad”.

Mark Twain

El mundo se mueve por percepciones que se basan en estereotipos, y muy especialmente, en los ámbitos social, laboral y de negocios. Los estereotipos son ideas, verdaderas o falsas, justas o injustas pero también muy reales, creadas para ubicar a las personas en un determinado plano de la realidad social. Y una cosa es cierta: ¡El mundo te tratará cómo parezcas ser! 

Es un asunto de “ser y parecer”, de “forma y de esencia”, en el cual el aspecto y el contenido van de la mano y deben cuidarse y pulirse constantemente. Una mala imagen puede afectar a la credibilidad, tanto en nuestro ámbito laboral, como en el social, incluso en tu traje de novio. Y aunque nuestra imagen personal, tenga poco o nada que ver con nuestras habilidades, capacidades o intenciones, debemos prestarle una especial atención, porque el éxito o el fracaso de nuestras oportunidades, puede depender de ella.

El aspecto personal es un conjunto de recursos, accesorios y comportamientos “externos” que sirven, a quienes nos ven, para catalogarnos de una manera u otra. Inmediatamente, nos viene a la cabeza la ropa, la vestimenta, en efecto, pues se trata de uno de los principales recursos de proyección de la imagen.

En los últimos años se ha hablado largo y tendido del fin de la corbata, la desaparición del traje (y qué decir del esmoquin, el chaqué o el frac) y el triunfo del estilo casual. Asistimos atónitos a un importante cambio de costumbres, favorecido y espoleado por personajes públicos, famosos, deportistas de élite, cantantes, etc., que aparecen en público con su propio estilo alternativo, incluso en eventos de alfombra roja, y que terminan estigmatizando el uso de la corbata y el traje como una prenda del pasado caracterizada por su rigidez y una excesiva formalidad en lugar de un signo de elegancia y buen gusto.

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La “Enclothed cognition”:

No cabe duda de que olvidarse del traje es más cómodo, pero por ejemplo: ¿Es positivo  para el trabajo en sí? En el ámbito laboral, la ropa tiene importancia en la medida en que aporta unos atributos a su portador, que se pueden perder si éste viste de una forma descuidada. Pero una nueva corriente en las escuelas de negocios asegura que, además, la ropa que llevamos influye de forma importante en nuestro rendimiento.

En 2012, los profesores de la Northwestern University (EEUU) Hajo Adam y Adam Galinsky definieron en un estudio del mismo nombre el concepto de enclothed cognition para describir la influencia sistemática que la ropa tiene en los procesos psicológicos del que la viste. Los profesores llegaron a la conclusión de que la vestimenta que asociamos a una profesión concreta hace que sus portadores estén más concentrados y sean más cuidadosos en su labor, con independencia de que sean verdaderos profesionales del ramo.

Adam y Galinsky llegaron a la conclusión de que la enclothed cognition funciona en dos sentidos: depende del significado simbólico de la misma pero además de la experiencia física que resulta de llevar esa ropa. “La vestimenta invade el cuerpo y el cerebro, llevando al que la lleva a un estado psicológico diferente“, aseguró Galinsky en un reportaje del New York Times. La ropa no sólo cambia la forma en que actuamos, además, cambia la percepción que los demás tienen de nosotros.

En un estudio que ya es un clásico (se realizó a mediados de los 90), la profesora de psicología de la Universidad de Virgina del Este, Tracy Morris, descubrió, como esperaba, que la competencia, la compostura y el nivel de conocimientos son atributos cuya percepción varía enormemente en función de la vestimenta.

No es difícil extrapolar el estudio de Morris a otros ambientes laborales: las personas que más informal visten en la oficina siempre van a tener una peor valoración de parte de jefes y compañeros o, al menos, les costará más ganarse una reputación.

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Los efectos de tu apariencia personal en los demás:

  • Representatividad: Debemos tener muy presente el hecho de que, la imagen de una empresa la hacen las personas que la forman, que se convierten en sus embajadores y representantes, y cuya responsabilidad estriba en transmitir la credibilidad de los productos o servicios que ofrecen. Por ello, la imagen personal es una forma importante de respeto y buena educación al entorno laboral hacia los clientes, los jefes y los compañeros, pero también es una manera de reflejar el interés que se tiene por ese trabajo y por uno mismo.
  • Poder Visual: Algunos estudios demuestran que 83% de las decisiones que tomamos se basan en lo que vemos, ya que la imagen, más que un tema de vanidad o superficial, constituye una parte fundamental para formar una opinión de las personas. Muchos estudios de comunicación han demostrado el poder del canal visual en las interacciones entre seres humanos, puesto  que las señales visuales son 3 a 5 veces más poderosas que las señales auditivas. Al cubrir 90% de nuestra superficie corporal, la ropa cobra esencial importancia, sobretodo a la hora de definir como te perciben las personas a tu alrededor.
  • La primera impresión es la que cuenta: Al hacerse durante los primeros segundos, las primeras impresiones son poderosas y no deben subestimarse. Al observar a una persona antes de hablar con ella, la mente ya está buscando el sentido entre lo que tus ojos te muestran y lo que encontraras en una conversación con la persona. Utilizando nuestras experiencias personales, categorizamos individuos: encontramos una característica que tenga valor para nosotros y asociamos a la persona con ella. Si lo que tienes puesto es lo único que habla por ti, asegúrate que envíe el mensaje que la situación requiere.
  • La importancia de los colores y patrones: Los colores y patrones son poderosos; algunos llaman nuestra atención, otros acentúan nuestros tonos naturales, algunos afectan nuestras emociones. Por ello, debemos primero entender cuales son los tonos que nos dan resultado y cuales no. Después, debe definir el mensaje que quiere mandar con su atuendo. Un hombre vestido con un traje de rayas azul marino, una camisa azul con puños y cuello de color blanco y con una corbata roja exclama poder y autoridad. Un hombre vestido con un traje café con una camisa color tierra y una corbata de color claro indica confianza. Ambos hombres llevan trajes, pero transmiten dos mensajes distintos.
  • Símbolo de influencia y autoridad: Muchos entrenadores deportivos utilizan el traje durante los encuentros por una sola razón: para que todo el mundo les identifique fácilmente como “los que mandan”. El traje formal, cuyo origen proviene de las prendas militares, está diseñado para resaltar las fortalezas de un hombre. Si está bien confeccionado y hecho con tejidos que complementan a quien lo usa, es un signo de autoridad y llama la atención. Por ejemplo, el uniforme de un policía, los galones de un general, la bata blanca de un médico, son ejemplos que nos aseguran que esas personas son una autoridad en sus campos.
  • Imagen positiva: Es más fácil tener un buen concepto de un hombre bien vestido que lo contrario. Habitualmente, suele ser percibido como más inteligente, preparado y digno de respeto y admiración. Nos encontramos en un mundo en el que todo se vende y se compra, aunque no seamos conscientes de ello. Así que aprende a quererte y a saber vender tu imagen positiva. Permite que tus actos, tu lenguaje verbal, tu apariencia y tu vestimenta hablen de forma apropiada sobre tu profesionalidad y compromiso.
  • Los efectos de tu apariencia personal en ti: Pero la vestimenta no sólo cambia la manera en qué nos ve el resto, también cambia la forma en que nos vemos a nosotros mismos. Un estudio de 1994 dirigido por la profesora Yoon-Hee Kwon, de la universidad de Illinois del Norte, mostró en qué forma nuestra vestimenta influye en la valoración de nuestras propias aptitudes. Los participantes del estudio que consideraban que llevaban la ropa adecuada también tenían una mejor percepción de sus competencias, su responsabilidad, su honestidad o su inteligencia, entre otros atributos.
  • Transformación mental: Uno de los poderes del atuendo es que puede transformar el estado mental de un individuo. Vístete como un hombre de negocios y es probable que actúes como uno de ellos. El efecto transformador es poderoso y efectivo; lo más increíble es que poca gente lo pone en práctica.
  • Disciplina: Desde las legiones romanas hasta los marines americanos, los mejores ejércitos saben que los soldados bien vestidos tienen más disciplina que los desaliñados milicianos. Las inspecciones o “revistas” militares se mantienen en uso, no porque las botas brillantes ganen guerras o el uniforme perfectamente planchado enamore al enemigo, sino porque estar pendiente de la apariencia personal instruye al soldado en el factor vital de prestar atención a los detalles. Y los detalles sí que ganan batallas. De la misma manera, una persona que se viste adecuadamente, aprende el valor de la disciplina propia. Aprende a planear y a dar el suficiente tiempo a los problemas, para obtener los mejores resultados. Se prepara para todo el día, pensando a medida que transcurre, anticipándose a sus necesidades para anteponerse a los retos que puedan surgir durante el día. Una persona que se viste con disciplina organiza su atuendo de manera que satisfaga sus necesidades desde que se levanta hasta que se acuesta; para la oficina, pasando por la comida, para acabar tomándose unas copas después del trabajo.
  • Admiración y Respeto: Vestirte adecuadamente toma tiempo; las camisas deben estar perfectamente planchadas, los zapatos brillantes y las chaquetas cepilladas. Por ello, cuando menos, es necesario respetar el esfuerzo que cada persona pone al vestirse. Cuando veas a otro hombre bien vestido, seguramente le darás una mayor importancia y le tendrás más respeto por su atuendo en lugar de criticarle por ir impecable, seguramente por tu propia inseguridad; notarás el hoyuelo de su corbata y lo apreciarás porque se tomó 15 minutos y 5 intentos para hacer el nudo. El respeto y admiración mutuos entre caballeros se da cuando ambos reconocen el esfuerzo que hacen al vestirse.
  • Otros aspectos de la imagen: No sólo la imagen cuenta, también el lenguaje corporal y verbal son de suma importancia en el ámbito laboral; no sólo es importante vestir adecuadamente sino tratar asertivamente a los demás. Esto facilita una imagen positiva tanto nuestra como de la empresa a la que representamos. Algunos consejos básicos que no debemos olvidar para proyectar una imagen social y/o profesional y exitosa incluyen:
  1. Cuida siempre la higiene personal: Jamás descuides tu apariencia en el nivel más básico, una persona descuidada con su cuidado personal más elemental, no es a quien ninguna empresa quiera contratar y denota un evidente descuido que puede percibirse también en tu carrera o trabajo, así como una falta total de interés o aspiración profesional.
  2. Cuida tu lenguaje tanto oral como escrito: Lo que dices también habla sobre ti, por lo que evita las faltas de ortografía y/o redacción y procura conducirte siempre con cortesía. Un ejecutivo deberá saber comunicarse con soltura y propiedad.
  3. Cuida tu vestuario: Es importante saber elegirlo acorde a la agenda, profesión y empresa en la que trabajas. Es necesario mantener una línea formal, sobria y elegante ya que tienes más probabilidad de ser considerado experto en tu materia,  ya que existe una relación directa y positiva entre la apariencia personal y la percepción de la calidad de los servicios prestados. Y si no eres capaz por ti mismo, busca ayuda profesional que te asesore.

La Historia de la Corbata

Corbata: un Must para un Verdadero Gentleman

El origen de la corbata se remonta al reino de Luis XIII de Francia. Durante este período, el rey de Francia reclutaba soldados (mercenarios) de Croacia que solían utilizar pañuelos anudados al cuello para protegerse del frío, conocidos como “echarpes”, que ellos llamaban ‘hrvatska’ (Croacia en idioma croata). Lo anudaban formando una pequeña rosa, dejando colgar las extremidades sobre el pecho. La “croatta” gustó tanto a los franceses, que la adoptaron llamándola “cravate” y la difundieron por todo el mundo.

Trajes de NovioSu uso pragmático nace, fundamentalmente, con el objetivo de cubrir los botones de la camisa. Hacia el final del siglo XVII, se impuso la costumbre de anudar suavemente la corbata al cuello, con las dos extremidades enhebradas en un ojal de la chaqueta o fijados con un broche. Desde 1650, fue adoptado por la corte del rey Luis XIV, donde todo el mundo competía por ser el más elegante, añadiendo cordones y cintas de seda, un estilo original de la moda que pronto se expandió por toda Europa. Durante la revolución francesa, la corbata se volvió un verdadero status-symbol y por primera vez adquirió un valor político: el revolucionario la llevaba negra, mientras el contrarrevolucionario se la ponía blanca.

Más tarde llegó el momento de los “incroyables”, gente elegante y extravagante cuya corbata tenía enormes dimensiones y llegaba casi a esconder la barbilla y el labio inferior.

Fue importante en este periodo la persona de Lord Brummel, que para anudarse su corbata necesitaba la ayuda de dos mozos. Él mismo introdujo el empleo del almidón, para que mantuviera su rigidez.

En los primeros años del siglo XIX la forma de la corbata empezó a acercarse a la actual, aunque fuera más voluminosa y existieran sólo tres colores: gris, negro y blanco. La moda había empezado a homologarse con algunas excepciones como el tipo lavallière, caracterizada por dos partes iguales en ancho y largo, que se volvió el emblema de los artistas y de los revolucionarios. Con la reducción de las dimensiones del cuello de la camisa, para anudar la corbata, se hacía un solo giro alrededor del mismo. Fueron aquellos los años en los cuales la corbata se difundió en todo el mundo. Los tipos de corbata eran el nudo o corbata larga, la galla o papillón y el plastron o ascot (bufanda a la inglesa). En época de Napoleón, éste llevaba siempre corbata negra con borde blanco, hasta que la mañana del 18 de junio de 1815 decidió cambiarse de corbata, perdiendo ese día la batalla de Waterloo, según indica el señor Beausset, prefecto de palacio. A partir de este momento, el arte de anudarse al cuello un pedazo de tela se ha convertido en el signo más elegante de vestir del hombre.

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Ya en “L’Art De Se Mettre La Cravate”, publicado en París en 1827 y atribuido a Honorato de Balzac, se pone de manifiesto la importancia de esa prenda, con la descripción de 22 maneras distintas de anudarse la corbata, entre otras, las más comunes son, por ejemplo:

Windsor

Nudo muy triangular, espeso y grueso. Es el adecuado para las grandes ocasiones. Muy inglés, su nombre lo hizo popular el Duque de Windsor. Es un nudo con mucho volumen, por lo que se aconseja su uso con camisas de cuellos amplios.

Demi Windsor

Es el adecuado para diario. Se parece al nudo Windsor pero no es tan grueso y es más sencillo de realizar. Lo podemos utilizar con corbatas finas o poco gruesas. Tiene una forma elegante y triangular y se aconseja llevarlo con una camisa de cuello clásico o con cuello abierto.

Simple

Es un nudo clásico con el que siempre se acierta, sencillo de hacer y por eso es el más usado. Aporta un toque juvenil a la parte superior del traje por su leve inclinación que rompe con la rectitud y el encuadre habitual de un nudo de corbata. Se adapta a cualquier cuello de camisa y anchura de corbata, quedando estrecho con corbatas finas y más ancho con corbatas gruesas.

Pratt

Es un nudo de corbata ordenado y bastante ancho, aunque no tan ancho como el nudo Windsor. Es muy adecuado para cualquier camisa de vestir y corbatas, tanto más amplias de tejidos ligeros como las más moderadas.

Petit Noued

Este pequeño nudo se hace sobre todo con las corbatas gruesas y se combina en camisas de cuellos ajustados, evitando los cuellos largos y amplios.

Double

Es similar al nudo simple pero con una segunda vuelta. Tiene un aspecto más grueso pero se combina muy bien con todas las camisas y corbatas, excepto con las que son muy anchas.

Italien

Este nudo de corbata tiene el aspecto de no quedar perfectamente en el centro. Es muy “Italian Style”, para los enamorados de la “Dolce Vita”.

Onassis

Popularizado por el magnate griego Aristóteles Onassis a mediados del S. XX y de ahí su nombre, aunque no es seguro que lo inventara él. Es sin duda uno de los nudos de corbata más modernos, originales y elegantes. Es recomendable usar la Aguja Onasys para sujetar la corbata de forma que envuelva el nudo pero insinuando su forma.

 

Atlantique o Trinity

El nudo Trinity tiene una mirada diferente. Requiere de un entrenamiento, pero no es gran cosa y desvía la atención de lo tradicional. Es una especie de nudo fresco para una fiesta o club.

En la segunda mitad del siglo XIX, durante el período industrial que revolucionó el sector textil, el lazo funcional (cravate), apareció con una forma más larga y estrecha. Las precursoras de las corbatas, tal y como las conocemos hoy día, son las que se usaban en clubes y colegios, por ejemplo, en 1880, los miembros de la Universidad de Oxford se ataban las cintas de los sombreros, alrededor del cuello. Así, el mismo 25 de junio de 1880, se creó la primera corbata del club y más tarde la idea se fue propagando en los otros clubes, universidades y colegios.

En 1926, Jesse Langsdorf, un inventor de Nueva York, desarrolló un método para cortar la corbata con el menor desperdicio posible de tela. La solución fue trazar un ángulo de 45º sobre el dibujo, es decir, cortar al bies. Además, la seda no la cortó en una sola pieza, sino en tres, que se cosían luego en otro proceso, hasta hoy en día, que se ha convertido en el accesorio por excelencia de la elegancia de un caballero real.

Ottavio Nuccio Gala, especialista en trajes de novio, desde sus orígenes, fabrica este accesorio para convertirlo en una de las joyas de sus colecciones, empleando telas exclusivas de jacquard de seda pura, procedentes de Como, la cuna de seda, 100% “Made in Italy”.

Aquí os mostramos algunos de los muchos modelos y dibujos.

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